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Programa de Radio “Tiempo de Opinar”

La sexualidad es una energía vital que nos acompaña desde que nacemos hasta que morimos, una energía que impregna cada uno de nuestros actos y es un motor esencial vinculado al estar VIVO.

En los humanos cumple además el rol reproductivo, algo que ha complicado durante años a las mujeres, porque la cultura nos hizo creer que al momento de la menopausia ( es decir, al final de la vida reproductiva), se acababa también la posibilidad de gozar del sexo. Me pregunto: ¿las mujeres que respetaban esos modelos, llegaron a gozar verdaderamente del sexo? Es por todos sabido que a lo largo de los años las mujeres hemos ido posicionándonos en un lugar más privilegiado a la hora de disfrutar . Pero la posibilidad de gozar fuera de la función reproductiva es más reciente. Y es una posibilidad que es importante difundir y estimular (aunque se corre el riesgo de una nueva polarización, que lleve a pensar que si una mujer  no es una diosa multiorgásmica tiene que sentirse frustrada…¡No es así! Puro mito). La menopausia es una etapa que, además de cambios físicos (fin de las menstruaciones, disminución de los estrógenos) trae consigo cambios en la esfera emocional que involucran muchas veces una crisis vital.

Es obvio que estos cambios psicofísicos se acompañen en modificaciones de la conducta, y que afecten de algún modo la vida sexual. Si tengo que correr una maratón, no será el mismo entrenamiento a los 20 que a los 50…

Si bien los cambios físicos por la caída brusca de estrógenos se sienten –y se sienten a veces mucho– (sofocos, sequedad vaginal, dolores osteoarticulares, fatiga) es importante estar informadas de ello y fundamentalmente no vivirlo como una enfermedad: se trata simplemente de otra etapa de la vida humana. Volviendo al tema de la maratón: llevar los 500 cc de sangre que congestionan la vulva en la fase de excitación no tardará el mismo tiempo.
Si podemos aceptar esto como parte de la vida y saber que se cierra una etapa pero se abre otra con más libertades y posibilidades de gozar tranquilas (que habrá que ir descubriendo con curiosidad y atención plena), las cosas suelen resultar más sencillas. Todo lo referente a las modificaciones en lo físico son muy fáciles de manejar y para eso estamos nosotros, los ginecólogos, que también tendríamos que estar para educar e informar acerca de las modificaciones psicoemocionales.

¿Y a los muchachos que les pasa?
Se habla del síndrome ADAM  (o deficiencia de andrógenos o  ANDROPAUSIA)  para referirse al cuadro similar que se presenta en los hombres. Aunque la ciencia dice que sólo lo padecerá el 40 al 50% de los hombres a partir de los 50 años, habría que preguntarles a las mujeres que opinan de estas estadística. El tema seria que ante una disminución del nivel de andrógenos, fundamentalmente de Testosterona, el hombre  tendría manifestaciones físicas en la respuesta sexual (pérdida o disminución de la erección, falta de deseo , retraso en la eyaculación ),  junto a modificaciones de humor, ( por eso también lo llaman el síndrome del hombre gruñon), y disminución de la fuerza muscular y fatiga.

Lo cierto es que después de haber criado los hijos, entrar en la última etapa laboral y perder la capacidad de reproducirse, las parejas se encuentran con varios cambios, no sólo físicos sino también de disponibilidad de tiempo. Las rutinas domésticas ya no serán las mismas y el tiempo para estar juntos tampoco, y si la pareja se sostuvo estrictamente en los roles parentales estaremos en problemas.

Esta etapa invita a la pareja a recrearse, a encontrar a partir del juego y la diversión un nuevo espacio para el encuentro. Es un buen momento para animarnos a los cambios. A veces estos cambios incluyen la pareja, pero en muchos otros casos se trata de poder encontrar entre dos una nueva modalidad de encuentro, romper rutinas, descubrir nuevas pasiones y gustos, poder comunicárselo al otro, y hacer uso de las libertades y del tiempo que en esta etapa disponemos.
Encontrar en lo personal e individual  el espacio intimo de placer y goce (permitirse alguna actividad o espacio propio de algo íntimo que se elija desde la pasión) es un buen plan para este momento.

Aprender a pedir lo que se desea y aceptar las modificaciones que la vida impone desde un lugar de conexión con el verdadero Ser interior, respetar el espacio y el deseo del otro, y aceptar que los cambios vienen independientemente de que uno quiera que ocurran.
La cultura y los medios a veces imponen modelos totalmente antitéticos a esta propuesta. Hay que ser joven eternamente, tener siempre ganas de tener sexo y gozar con múltiples orgasmos o “estás en el horno”, como dicen los jóvenes.

Hombres y mujeres… ¡seamos HUMANOS! Aprendamos a reconocer nuestros propios recursos internos que nos permiten vivir con felicidad, goce y armonía en cada una de las etapas de la maravilla que es la VIDA, y cuando menciono la palabra armonía me refiero a la interior, donde el corazón, el alma y el cerebro puedan danzar el mismo ritmo.

Dra. Sandra P. R. Magirena.

Sobre Sandra Magirena

Médica UBA. Ginecóloga y Sexóloga. Especialista Certificada en Ginecología Infanto Juvenil. Miembro del Equipo de Vulnerabilidad Infanto Juvenil del Hospital Álvarez, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.
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