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Antiguamente la menopausia era un tema tabú, tributo obligado del paso inexorable de los años que prefería ignorarse y que el médico general desestimaba los cambios que acarreaba el cese de la función ovárica, restándole importancia a las alteraciones de una mujer de 50 años.
Definamos un poco los términos. Menopausia  proviene del griego “men”, mes y “pausi”, interrupción, así menopausia se define como el cese definitivo de los períodos menstruales resultado de la pérdida de la actividad folicular del ovario, y en consecuencia la pérdida de la capacidad reproductiva. Climaterio también proviene del griego “climacter” que significa escalera y se interpreta como el período de transición entre la vida adulta y la vejez.
La sociedad Internacional de Menopausia divide esta etapa en tres períodos de diez años cada uno: temprana 35 a 45 años, media o perimenopausica 45 a 55 años y tardía 55 a 65 años.
Por ser una etapa tan larga posiblemente el climaterio sea la crisis vital mas severa que afecta la vida de la mujer.
Es fácil entender que no solamente el síntoma objetivo de la menopausia será el que genere un cambio sino que múltiples alteraciones físicas psíquicas y sociales irán apareciendo a lo largo de este período y que dependerán de cómo cada mujer lo viva con su cuerpo, su pareja, su familia y la sociedad.
Con el correr del tiempo y acompañando un cambio sociocultural centrado en la “globalización” de todos los conceptos, la medicina no se ha quedado atrás.
Dentro del terreno de atención de la mujer podemos ver como se ha ido “desmenuzando” hasta llegar al extremo tal de tener sociedades científicas que agrupan especialistas que se ocupan particularmente de una patología o un tramo de la vida.
Primero se separaron ginecólogos de obstetras y luego los ginecólogos se subdividieron en especialistas en: Adolescencia, Climaterio, Patología Mamaria, Patología del Tracto Genital Inferior, Esterilidad e Infertilidad, Sexología, Endometriosis, Uroginecología, Anticoncepción, Oncología.
En esta subdivisión por territorio o aparato afectado, se puede correr el riesgo de perder la visión del todo y allí es donde, personalmente pienso, comienza a deteriorarse la relación médico paciente.
En lugar de “acompañar” los procesos puede surgir una tendencia a focalizar la problemática y “medicalizar” los síntomas que pueden ser aliviados de otra manera.
Si bien ya vimos que esta etapa de la vida de la mujer es larga y compleja , el médico debe capacitarse para interpretar los fenómenos fisiológicos y actualizarse en la manera mas práctica de diagnosticar precozmente aquellas patologías que puedan presentarse.
Cuando hablo de los fenómenos fisiológicos me refiero también a todos los cambios humorales y emocionales que trae aparejado la disminución en la producción de estrógenos.
Si la tendencia es a ver una crisis vital como una patología, el riesgo es caer en una gran batería de estudios sofisticados que se interpretan como terapéuticos por parte de las pacientes, y aumentar indefectiblemente el consumo de fármacos.
Si las mujeres entienden el climaterio como un derrumbe de hormonas y aminoácidos que trae aparejado un inmediato deterioro de aparatos y sistemas, muy probablemente desee hacerse todos los estudios necesarios para saber cuando va a ocurrir esto y por supuesto consumir todo aquel suplemento que garantice evitar la catástrofe.
Si además le sumamos la presión de los medios y la sociedad que para sentirse plena hay que ser flaca, linda, sin arrugas , sin canas y usar ropa de modelos juveniles, esto convierte a la mujer en un excelente nicho de mercado para el consumo de productos cosméticos, suplementos dietarios , ropa y fármacos que garanticen la juventud eterna.
El modelo de mujer que plantea el postmodernismo es bastante homogéneo en el sentido que es muy difícil saber la edad de una mujer con solo mirarla, todas parecen adolescentes.
Actualmente, una buena parte de nuestras energías culturales están abocadas a la búsqueda de un ideal fáustico de belleza, eterna juventud y negación de la muerte que ha encontrado en el cuerpo femenino su escenario privilegiado de acción.
El cuerpo de la mujer hoy en día cada vez es más susceptible de sustraerse del curso “natural” de los acontecimientos, de la historia de crecimiento y envejecimiento para mostrarse de formas nuevas.
Otro elemento reciente, es la posibilidad de eliminar muchos de los rastros, de las huellas que el tiempo y el envejecimiento dejan mediante el recurso a la cirugía y las técnicas terapéuticas cosméticas.
Antiguamente la menopausia era un tema tabú, tributo obligado del paso inexorable de los años que prefería ignorarse y que el médico general desestimaba los cambios que acarreaba el cese de la función ovárica, restándole importancia a las alteraciones de una mujer de 50 años.
Definamos un poco los términos. Menopausia  proviene del griego “men”, mes y “pausi”, interrupción, así menopausia se define como el cese definitivo de los períodos menstruales resultado de la pérdida de la actividad folicular del ovario, y en consecuencia la pérdida de la capacidad reproductiva. Climaterio también proviene del griego “climacter” que significa escalera y se interpreta como el período de transición entre la vida adulta y la vejez.
La sociedad Internacional de Menopausia divide esta etapa en tres períodos de diez años cada uno: temprana 35 a 45 años, media o perimenopausica 45 a 55 años y tardía 55 a 65 años.
Por ser una etapa tan larga posiblemente el climaterio sea la crisis vital mas severa que afecta la vida de la mujer.
Es fácil entender que no solamente el síntoma objetivo de la menopausia será el que genere un cambio sino que múltiples alteraciones físicas psíquicas y sociales irán apareciendo a lo largo de este período y que dependerán de cómo cada mujer lo viva con su cuerpo, su pareja, su familia y la sociedad.
Con el correr del tiempo y acompañando un cambio sociocultural centrado en la “globalización” de todos los conceptos , la medicina no se ha quedado atrás.
Dentro del terreno de atención de la mujer podemos ver como se ha ido “desmenuzando” hasta llegar al extremo tal de tener sociedades científicas que agrupan especialistas que se ocupan particularmente de una patología o un tramo de la vida.
Primero se separaron ginecólogos de obstetras y luego los ginecólogos se subdividieron en especialistas en : Adolescencia, Climaterio, Patología Mamaria, Patología del Tracto Genital Inferior, Esterilidad e Infertilidad, Sexología, Endometriosis, Uroginecología, Anticoncepción, Oncología.
En esta subdivisión por territorio o aparato afectado, se puede correr el riesgo de perder la visión del todo y allí es donde, personalmente pienso, comienza a deteriorarse la relación médico paciente.
En lugar de “acompañar” los procesos puede surgir una tendencia a focalizar la problemática y “medicalizar” los síntomas que pueden ser aliviados de otra manera. Si bien ya vimos que esta etapa de la vida de la mujer es larga y compleja , el médico debe capacitarse para interpretar los fenómenos fisiológicos y actualizarse en la manera mas práctica de diagnosticar precozmente aquellas patologías que puedan presentarse.
Cuando hablo de los fenómenos fisiológicos me refiero también a todos los cambios humorales y emocionales que trae aparejado la disminución en la producción de estrógenos. Si la tendencia es a ver una crisis vital como una patología, el riesgo es caer en una gran batería de estudios sofisticados que se interpretan como terapéuticos por parte de las pacientes, y aumentar indefectiblemente el consumo de fármacos.
Si las mujeres entienden el climaterio como un derrumbe de hormonas y aminoácidos que trae aparejado un inmediato deterioro de aparatos y sistemas, muy probablemente desee hacerse todos los estudios necesarios para saber cuando va a ocurrir esto y por supuesto consumir todo aquel suplemento que garantice evitar la catástrofe.
Si además le sumamos la presión de los medios y la sociedad que para sentirse plena hay que ser flaca, linda, sin arrugas , sin canas y usar ropa de modelos juveniles, esto convierte a la mujer en un excelente nicho de mercado para el consumo de productos cosméticos, suplementos dietarios , ropa y fármacos que garanticen la juventud eterna.
El modelo de mujer que plantea el postmodernismo es bastante homogéneo en el sentido que es muy difícil saber la edad de una mujer con solo mirarla, todas parecen adolescentes.
Actualmente, una buena parte de nuestras energías culturales están abocadas a la búsqueda de un ideal fáustico de belleza, eterna juventud y negación de la muerte que ha encontrado en el cuerpo femenino su escenario privilegiado de acción.
El cuerpo de la mujer hoy en día cada vez es más susceptible de sustraerse del curso “natural” de los acontecimientos, de la historia de crecimiento y envejecimiento para mostrarse de formas nuevas.
Otro elemento reciente, es la posibilidad de eliminar muchos de los rastros, de las huellas que el tiempo y el envejecimiento dejan mediante el recurso a la cirugía y las técnicas terapéuticas cosméticas.
Más aún, la tecnología promete o amenaza con un cuerpo pensado a la manera de una máquina, cuyas piezas puedan ir recambiándose a medida  que se descomponen para alargar casi indefinidamente el tiempo de existencia.
De esta forma, creo que han ido apareciendo, especialmente en el contexto de muchos países que damos en llamar “desarrollados” nuevas maneras de relación entre hija y madre que ponen en entredicho que conozcamos todos los cursos posibles que éste vínculo puede adquirir.
Muchas de las mujeres que cursan su climaterio tienen hijas adolescentes, que se veran influenciadas por estos modelos actuales de mujer madura que no acepta el paso del tiempo y que se confunde en su rol vincular.
Que ocurrió? Que nos pasó que no podemos aceptar el paso del tiempo? Por que hay que hacer tanto esfuerzo físico y económico para evitar algo que inexorablemente va a ocurrir? No será mejor aprender a utilizar esas energías en entender y aprender a disfrutar de esos cambios?
La cultura marca que si el médico se preocupa y pide estudios algo anda mal, en cambio si me escucha , me toca y acaricia mi cabeza todo va a estar bien.
El ginecólogo clínico será el medico de cabecera encargado de capacitarse en avances científicos basados en evidencia sustentable y firme. La intervención terapéutica se hará entonces ante la aparición de un problema, (afecciones cardiovasculares , osteoporosis, incontinencia de orina, sequedad vaginal, etc).
Obviamente aquellas mujeres que presentan una patología de base previa se le debe prestar atención especial para evitar las agravaciones que puedan ocurrir por los vaivenes hormonales.
Y que hacer con las mujeres sanas? El equipo de salud debe conocer la historia familiar, personal y sociocultural de la mujer que asiste.
Educar , desde el conocimiento de la función, acompañar los cambios introduciendo conceptos de cambios de hábitos y dietas, promover la actividad física y lúdica.
En este grupo es donde el trabajo en equipo cobra vital importancia. Es común la aparición de un síndrome depresivo en relación a la perdida de la función reproductiva y el síndrome del nido vacío, donde el psicoterapeuta podrá elaborar las estrategias necesarias para el acompañamiento.
El médico junto a la nutricionista trabajaran en la educación alimentaria necesaria para introducir modificaciones en la dieta que mejoren la salud en general.
En relación a la actividad física deberán buscarse actividades adecuadas que combinen ejercicios de impacto suave (para fortalecer el hueso) con ejercicios aeróbicos (optimizar el rendimiento cardiovascular).
Además de incluirse algún trabajo corporal que tienda al equilibrio cuerpo–mente–espíritu y se base en a respiración ( Yoga , Tai-chi, Chi-Kung).
¿Qué pasa con  la sexualidad? Durante el climaterio la respuesta sexual de la mujer puede verse afectada por una serie de factores ( además de los cambios fisiológicos y el estado de salud física general) como los culturales, el estado psíquico, la relación con su pareja, la vida sexual previa, la autoestima y la imagen corporal.
Hay que tener en cuenta que en general estas mujeres tiene parejas de mas de 50 años que también cursan su propia crisis, por lo que es bastante común que surjan fantasías de abandono o de cese de la funciona sexual, sumado a que es frecuente que la lubricación de la vagina disminuya por efecto de la caída de los estrógenos, provocando disminución de la capacidad para tolerar penetraciones prolongadas y dispareunia. Esto último genera confusión en ambos ya que la mujer piensa que no se excitará mas, y el hombre que ella lo rechaza o ya no la estimula.
Plantear superar los mitos y tabúes ancestrales despejando las telarañas mentales que impiden vivir la sexualidad centrada en el goce y el placer.
Ayudar a descubrir que el erotismo es y será juego y diversión y que para el placer sexual no se debe temer a fracasos ya que en esta etapa la meta no es la fertilidad sino el simple goce y disfrute de compartir encuentros íntimos.
Por ultimo el aspecto lúdico al que muy pocas veces se le da importancia pero que es crucial para no sentirse viejo. Aquí es donde la mujer deberá encontrarse con su ser interior y bucear en las profundidades de su psique para saber que es lo que la hace feliz, siempre hay algo que nos gusta hacer y que nos da placer, pintar, escribir, bailar, o simplemente tomar un te con amigas, eso que no haríamos nunca porque “hay que hacerlo” y que sí lo haríamos por puro placer, eso que siempre quisimos hacer y nunca y tuvimos tiempo.
Y por último, cuales serian los aspectos cruciales para el cuidado de la salud de la mujer en climaterio:
- Suspender el tabaco.
- Controlar peso y abuso de alcohol.
- Aumentar el consumo de fibras.
- Combatir el sedentarismo.
- Prevención de enfermedades cardiovasculares y osteoporosis.
- Detección temprana de cáncer genitomamario.
- Promover el bienestar mental incluyendo la atención de la sexualidad.
- Detección y tratamiento de enfermedades o condiciones que limiten la función y la felicidad de la mujer.
- Reir, bailar, y disfrutar los placeres de la vida.
Es recomendable realizar un examen periódico de salud, y discutir con el equipo de atención los factores de riesgo, el estado físico y emocional para poder realizar un plan que garantice una menopausia saludable, sin limitaciones y con expectativas de una vida llena de opciones de plenitud.
Toda mujer es única y sus necesidades medicas también lo son.
Dra. Sandra P. R. Magirena

Sobre Sandra Magirena

Médica UBA. Ginecóloga y Sexóloga. Especialista Certificada en Ginecología Infanto Juvenil. Miembro del Equipo de Vulnerabilidad Infanto Juvenil del Hospital Álvarez, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.
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